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Hoy he visto un documental sobre los 80 que me ha tocado la fibra. Recordar series de televisión con las que me crié, canciones de la época que escuchaba viajando en el Renault 21 de mis padres… ha sido una súper regresión a mi infancia que me ha encantado y me ha hecho pensar con la perspectiva de mis 35.

Antes todo llegaba tremendamente despacio. Las series que echaban por la TV hacía 5 o 6 años que ya las habían emitido en USA, en los 90 estábamos viviendo los 80 de Estados Unidos. Ibas al cine a ver una película y tardaba un año en llegar a los videoclubs (por no hablar de la tele).

Con la música pasaba algo parecido. Te llegaban nombres de grupos por oídas, te dejaban una cinta de cassette que te la grababas y la devolvías al día siguiente (por supuesto currándote a bolígrafo una carátula que quedaría para la posteridad) y estabas ansioso por comentar el grupazo que habías descubierto con tus amigos.

Los viernes siempre había conciertos en Casal de Joves Altimira de Cerdanyola. Nunca fallábamos, tocase quien tocase. La mayoría de las veces no sabíamos quien íbamos a ver y era genial descubrir grupos nuevos, de todos los estilos y nutrirse de ellos. Eso ya no ocurre por desgracia. Por no mencionar que el Ayuntamiento se cargó esa sala de conciertos hace unos años, sin ningún sentido.

Tenías que esforzarte para estar al día, para conseguir música y saber las historias de cada banda. Todo lo contrario a nuestro presente, tenemos tanta info en internet y tantos discos en el disco duro, que se pierde el interés.

No es nada nuevo y ya lo dije en otro post… pero, la tecnología nos ha vuelto gilipollas.

Hoy en dia muchas bandas de rock componen fríamente con un ordenador, sin ensayar apenas, sin pasión por hacer giras… Para mi es triste y se pierde el sentido de verdad de tener un grupo de música, donde lo mejor que te llevas es que la gente se identifique con tu música y las experiencias que vives con tus compañeros de furgoneta.

Cuando yo empezaba a componer mis primeras canciones (sin Guitar Pro, ni YouTube por cierto) sabía que lo más importante (y no fácil) era:

1/ Ser diferente y original. Hacer canciones especiales, que llegaran y que nadie antes lo hubiese hecho.

2/ Interpretarlas como si te fuera la vida en ello. Creer en lo que dices y que el oyente lo perciba y también se lo crea. Representar un personaje, actuar.

Y sigo pensando igual.

Por hippie que suene… La música se ha de sentir para poder transmitir.  Hay que hacer música desde dentro, expresando emociones, sean las que sean y no por las modas.

Internet nos vuelve superficiales. Es el mundo de la apariencia. Abres Instagram y parece una lucha por demostrar quien es mas auténtico. Todo el mundo quiere ser famoso. Da igual si tienes talento o no, solo importan los “likes” y las “visitas”.

Vivimos en una época de sobreinformación donde curiosamente cuesta ver bandas con un sonido original, que no sean un clon de otra que está de moda.

Me gusta cuando una banda te recuerda a muchas, porque significa que han escuchado mucha música, están abiertos y se han dejado influir por muchos sonidos. Eso es enriquecedor y te lleva a tener un sonido propio.

Nos quejamos de que la gente no va a conciertos como antes, que se consume menos música en directo. Quizá es necesario parar por un momento y hacer un ejercicio de autocrítica. Puede que el problema sea la falta de innovación, la falta de creatividad, la ausencia de la necesidad de reivindicar algo. Puede que el problema sea que cada vez somos mas autómatas, clonadores y menos emocionales.

Y puede que para el consumidor tenga mas valor el postureo de ir al festi de moda y echarse la foto, que leerse las letras de un disco o ir a conciertos locales para descubrir nuevas bandas y pasar un buen rato.

Recuerdo de adolescente, cuando juntaba la paga y me iba a la C/ Tallers a comprarme algún disco.  Era el momento mas esperado del mes. Me flipaba la vuelta en el tren leyéndome las letras, los créditos, viendo quien lo había producido, grabado, en que estudio… y deseando llegar a casa para ponerlo en la mini cadena y ver como sonaba.

Outline Records, con Boliche y Pep, era la mejor tienda de discos de Barcelona. Años mas tarde creyeron en NoWayOut y nos editaron con su sello el primer disco: “Long Way to Nowhere”.  Son cosas que se sienten, que no puedes explicar. La magia de llegar allí y pasar horas hablando de bandas, de como se han de hacer las cosas… y volver a casa inundado de motivación e ilusión.

Como diría mi amigo Victor Teller:

“¡¡La música es amor!!”

2 thoughts on “Aquellos maravillosos años

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